Escrito e ilustrado por: Stephanie Palmer
Editado por: Chloe Rybicki-Kler, Emily L. Eberhardt, Sarah Bassiouni y Jennifer Baker
Traductores: Llilian Arzola Martínez y Hector Mendoza
¡Hola, lector! Este es el segundo artículo de una serie de dos partes sobre los factores que influyen en las decisiones y comportamientos de los niños durante la actividad física. En esta publicación se analizan las acciones que los cuidadores pueden emprender para impactar el progreso de las habilidades motoras fundamentales y los patrones de actividad física en los niños. ¡Para conocer más sobre los factores que influyen durante el desarrollo de los niños en sus elecciones sobre la actividad física, te invito a leer la parte 1 aquí!
Para empezar, te invito a recordar algunas vivencias relacionadas con la actividad física durante tu infancia. ¿Tenías un lugar para jugar en tu casa o en el patio trasero? ¿Jugabas en la entrada de tu casa o en la calle? ¿Tus padres te animaban a jugar afuera o te entretenían con programas de televisión? ¿Regresabas a casa en bicicleta para cenar después de jugar en el parque con amigos, o era inseguro jugar afuera en tu vecindario? Tus recuerdos, ya sean similares o diferentes, positivos o negativos, reflejan la influencia del entorno familiar en la actividad física. El entorno familiar desempeña un papel importante apoyando las decisiones y comportamientos de los niños ante la actividad física, así como el desarrollo de las habilidades motoras.
El entorno familiar consta de características físicas y sociales con el potencial de afectar el desarrollo de las habilidades motoras fundamentales (HMF) de los niños y su nivel de actividad física. Las características físicas del hogar brindan oportunidades de juego a los niños; por ejemplo, la existencia de un espacio para jugar (tanto en interiores como en exteriores) y juguetes para desarrollar actividad física, como una patineta, una bicicleta, equipo deportivo o una casita de juegos. Las características sociales incluyen las actitudes y expectativas de los padres con respecto a la actividad física y sus acciones para apoyar a los niños en el cumplimiento de esas expectativas. En investigación, las estrategias sociales que los padres utilizan para incentivar a sus hijos a ser físicamente activos se denominan colectivamente Prácticas Parentales para la Actividad Física (PPAF). Un ejemplo de PPAF incluye la expectativa de que los niños jueguen afuera durante 30 minutos después de la escuela; esta estrategia se llama específicamente expectativa de apoyo. Los padres pueden emplear otras PPAF para respaldar a los niños en el cumplimiento de sus expectativas. Por ejemplo, una estrategia para apoyar a los niños a lograr 30 minutos de actividad física al aire libre es inscribirlos en un deporte al aire libre (facilitación). Otra podría ser comprar un balón de fútbol y jugar juntos en el patio trasero (apoyo indirecto). Para obtener una lista completa de otras PPAF, se anima a los padres a consultar el Banco de Elementos de Prácticas Parentales para la Actividad Física. Las PPAF ahí enumeradas han sido probadas y validadas como impulsoras de la actividad física infantil y algunas influyen directamente en las HMF de los niños.
En los niños, el desarrollo de las HMF es sensible a las actitudes, creencias y comportamientos de sus cuidadores ante la actividad física. Esta afirmación está respaldada por investigaciones que demuestran que los niños con padres físicamente activos muestran un mejor desarrollo de las HMF que sus compañeros con padres menos activos. Aunque la relación causal entre la actividad física de los padres y las HMF de los niños aún no ha sido identificada con precisión, los expertos sugieren que los niños con padres físicamente activos son más activos físicamente, adquiriendo y perfeccionando las HMF al imitar a sus padres a través del juego. Por la misma razón, es más probable que sus compañeros participen en actividades sedentarias que afectan negativamente el desarrollo de las HMF, aunque existen hallazgos contradictorios. Un estudio reciente e interesante mostró que los niños varones que pasaban más tiempo viendo televisión tenían mejores HMF que otros niños. Los autores del estudio sugirieron que los niños podrían haber visto programas interactivos (por ejemplo, videos de baile). Sin embargo, los datos de los padres indicaron lo contrario, ya que permitir más tiempo frente al televisor solo cumplía la función de mantener ocupados a sus hijos, y el efecto de esta práctica solo fue significativo para los niños que habían obtenido las puntuaciones más altas en cuanto a su estado físico. Esto sugiere que los padres podrían haber utilizado el tiempo frente al televisor para disminuir el nivel de actividad de sus hijos. La crítica evidente para este estudio es que los niños muy activos ya contaban con HMF bien desarrolladas, y los padres utilizaron el tiempo frente al televisor para mantenerlos momentáneamente tranquilos.
Un estudio posterior destaca cómo las características de los niños pueden influir en el uso de PPAF por parte de los padres y la capacidad del entorno físico para afectar la selección de estrategias por los padres y el comportamiento de los niños. De hecho, el contexto actual para estudiar cómo las PPAF influyen en la actividad física (y las HMF) de los niños incorpora las características del niño y del progenitor, así como el entorno cercano que incluyen factores que afectan la selección y el impacto de las PPAF en las HMF de los niños. Por ejemplo, es posible que los padres fomenten la actividad física con más frecuencia si su hijo es competente en las HMF y disfruta de la actividad física, pero el efecto de esta estrategia es nulo si no hay espacios seguros para que el niño juegue en casa o en el vecindario. Alternativamente, los padres que valoran la actividad física pueden proporcionar a sus hijos implementos deportivos, como un columpio, una bicicleta o una pelota y un bate. Si el niño no es competente en las HMF, resulta poco probable que la presencia de equipo deportivo afecte su comportamiento. Otro factor a considerar es que los padres sean conscientes de las fortalezas de sus hijos y tiendan a maximizarlas, ignorando las debilidades. Por eso, los niños con talento musical asisten a más clases de música, los niños interesados en la ciencia van a campamentos de ciencia y los niños atléticos practican deportes.
Un gran número de factores internos, externos e interpersonales pueden influir en la forma en que los padres moldean el comportamiento de sus hijos ante la actividad física. Estos factores son únicos para cada individuo, familia, comunidad, ciudad, nación y cultura. En consecuencia, los determinantes de la actividad física y las HMF de los niños son altamente complejos. Por ejemplo, te invito a considerar la evidencia desconcertante (y cada vez mayor) de que los niños de bajo estatus socioeconómico (ESE) muestran mejores HMF y son más activos físicamente que sus compañeros de alto ESE, incluso en algunas de las zonas económicamente desfavorecidas del mundo. Tales hallazgos contradicen directamente la suposición general de que el bajo ESE afecta negativamente el comportamiento y el desarrollo físico de los niños, y sugieren que los factores en el entorno inmediato de los niños deben ser examinados detenidamente.
También, los niños con discapacidades suelen mostrar un desarrollo significativamente tardío o reducido de las HMF, y sus padres reportan las habilidades motoras limitantes de sus hijos como un obstáculo importante para la actividad física. De hecho, las habilidades motoras restrictivas constituyen una de las barreras para el desarrollo de actividad física más citadas entre los padres de niños con discapacidades, después de la falta de tiempo, conocimiento y programas apropiados.
Para mi tesis de maestría, realicé una intervención basada en el juego para niños autistas (de 3 a 10 años). El objetivo principal de mi proyecto era examinar si apoyar a los niños en el juego autodirigido y físicamente activo mejoraba las habilidades motoras en niños autistas que mostraban HMF deficientes. La intervención consistió en 10-20 sesiones de actividad física (dos sesiones por semana durante diez semanas) en las que jugaba con los niños, uno a uno, durante 45-60 minutos. Los niños dirigían las actividades durante cada sesión, y yo les proporcionaba apoyo a través de asistencia física o elaboración de actividades en forma de juegos. Una de las participantes tenía miedo de subir las escaleras del gimnasio sin ayuda física, así que subíamos las escaleras tomadas de la mano. Aprendí que le encantaba deslizarse por el tobogán después de saber que subiría las escaleras con ayuda. Otro participante se transformaba en un lémur cuando le ataba limpiapipas (su juguete favorito) al gimnasio de escalada para un juego de búsqueda y recuperación, cambiando su reputación como niño inactivo. Por último, la intervención fue efectiva para algunas habilidades motoras pero no para otras; y lo más importante, fue fácil, requiriendo solo el deseo de comprender al participante y trabajar con él para encontrar soluciones activas cuando fuera necesario o aplicable. Desde esta perspectiva, la guía de actividad física más adecuada para un niño con discapacidad es el padre del niño, y mi mejor consejo sería divertirse. Según los meta-análisis de datos y revisiones exhaustivas de la literatura, los ejercicios físicos básicos y entretenidos aumentan la actividad física y contribuyen a mejorar las habilidades motoras en niños con discapacidad.
Si te sientes abrumado en este punto, lo entiendo. Acabamos de sumergirnos en algunas de las investigaciones más complejas sobre habilidades motoras y actividad física en niños que existen hasta la fecha. Afortunadamente, todo se puede resumir en un mensaje simple para padres y cuidadores: enseñar a los niños a valorar y participar en la actividad física. Los niños aprenden a valorar la actividad física al ver a sus padres participar en ella, al participar en actividades físicas con sus padres (y otros) y al recibir estímulo y apoyo de sus padres para ser físicamente activos. Los padres que apoyan la actividad física de sus hijos respaldan simultáneamente el desarrollo de sus HMF y la autoconfianza física, sentando las bases para una participación exitosa en deportes y actividades recreativas, incluso para niños con discapacidades del desarrollo.
Como entrenadora personal, entrenadora de fútbol, implementadora de terapia conductual, asistente de investigación para un laboratorio de rehabilitación de cáncer y, actualmente, en el Laboratorio de Movimiento Infantil, Actividad y Salud del Desarrollo, he trabajado con individuos en todo el espectro de habilidades. Desde atletas de primera División hasta sobrevivientes de cáncer y niños autistas, en poblaciones de bajos ingresos y minorías, todos tienen preguntas sobre la actividad física, especialmente aquellos que dudan de sus habilidades o temen lesiones accidentales. Imagino que algunos padres dudan de su capacidad para apoyar la actividad física de sus hijos por razones similares o diferentes. Para el padre o cuidador que duda, aquí hay una lista de actividades para probar:
- Programar citas de juego que impliquen actividad física para que tu hijo sea activo con amigos.
- Planificar un día de actividad física familiar. Hacer senderismo, andar en bicicleta o jugar en el parque son excelentes opciones. Anima a todos los miembros de la familia a participar en actividades físicas durante el día (¡incluso los adultos pueden subir a los juegos del parque!).
- Explicar a tu hijo por qué es importante realizar actividad física.
- Preguntar a tu hijo qué actividades físicas disfruta. Si tu hijo no disfruta de actividades físicas, pensar en actividades físicas para intentar (una simple búsqueda en Google arrojará miles de ideas) y probarlas con tu hijo.
- Enseñar a tu hijo actividades físicas que disfrutas.
- Aprender una nueva actividad física con tu hijo.
- Designar un espacio para jugar (dentro o fuera de casa).
- Hacer que el tiempo frente a la pantalla del televisor o computador sea físicamente activo. Por ejemplo, cada vez que Clifford (el gran perro rojo) ladre, el niño debe correr o caminar una vuelta por la habitación.
- Establecer metas o desafíos de actividad física. Una meta podría ser aumentar en 100 el número de pasos diarios que tú y tu hijo dan cada día. Para un desafío, trata de acumular 100000 pasos, como familia, en una semana.
- Elogiar a tu hijo (y a ti mismo) por probar nuevas actividades físicas.
La belleza de involucrase en actividad física y fomentarla durante la crianza reside en que es difícil hacerlo mal, sencillo hacerlo bien y, en general, se puede llevar a cabo con un coste mínimo o nulo. Los padres pueden sentirse reconfortados al saber que cada minuto adicional de movimiento, aunque sea imperfecto, contribuye a la salud, bienestar y desarrollo general de sus hijos. ¡Muévanse juntos, con frecuencia y hacia adelante!
Stephanie Palmer se encuentra en proceso de obtener su doctorado en Ciencias del Movimiento para el cual investiga cómo el entorno de actividad física en el hogar impacta el desarrollo de las habilidades motoras fundamentales en los niños. Stephanie tiene una licenciatura en Psicología de la Southeast Missouri State University (SEMO) y una Maestría en Educación en Ciencias del Ejercicio de la Southern Illinois University, Carbondale. Antes de mudarse a Michigan, Stephanie motivó a las personas a participar en el ejercicio y la actividad física en roles como entrenadora asistente de fútbol, entrenadora personal, implementadora de terapia conductual, asistente de enseñanza e investigadora voluntaria en el Laboratorio de Rehabilitación del Cáncer “Strong Survivors”. Stephanie tiene una gran pasión por ayudar a personas de todas las edades y habilidades a aprender a amar el movimiento; disfruta haciendo lo mismo en su tiempo libre. Compitió en natación, gimnasia y fútbol en la División I en SEMO, juega para el equipo de fútbol femenino del University of Michigan Women’s Club, y entrena para competir en la Liga Nacional Femenina de Fútbol. Además de los deportes organizados, le encanta leer, perseguir pollos con sus 13 sobrinos y sobrinas, y desarrollar nuevos y divertidos juegos en su patio trasero.

