Autora: Kristina Lenn
Editores: Isabel Colon-Bernal, Jessica Cote y Whit Froehlich
Traducción: Irene Vargas-Salazar, editado por Thibaut R. Pardo-García

Ser confrontada con nuestros propios prejuicios es una experiencia que te enseña mucha humildad. Detesto admitirlo, pero en gran parte de mi vida, inclusive cuando estaba en la universidad, las imágenes que tenía de científicos e ingenieros eran típicamente de hombres. Al crecer, la escuela parroquial que atendí nos enseñó que los hombres deberían de ser los proveedores y las mujeres las cuidadoras. De acuerdo con mis maestros y mis pastores, los hombres son más lógicos mientras que las mujeres son más emocionales, por lo tanto, los hombres son una mejor elección para tomar posiciones de liderazgo. La cultura popular desde entonces, que desafortunadamente no es tan diferente al del día de hoy, está llena de referencias a mujeres rubias con falta de inteligencia, excusas por la parte de mujeres para “volverse locas” por estar en “ese tiempo” del mes y la desconfianza de los hombres en cualquier cosa que “sangra por 7 días y no muere”.

A pesar de que mis padres se percataron de lo que nos estaban enseñando y trabajaron extra para intentar reparar el daño, como quiera no reaccionaba cuando iba a mis cursos de ingeniería y me daba cuenta de que era una de las pocas mujeres en el salón. Ya había sido saturada por los estigmas de las mujeres que la sociedad estaba promoviendo y simplemente asumí que mi deseo de ser una mujer en ingeniería me hacía la excepción. Definitivamente me ayudó que mis padres me ayudaron a deshacerme de la idea que los hombres son naturalmente lógicos y las mujeres son naturalmente irracionales; tener padres con pensamientos tan modernos reforzó mi idea que yo era diferente a la norma. Al fin y al cabo, tenía razón. Y esa realidad es terriblemente triste.

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Un ejemplo de un dibujo del estudio “Dibuja a un científico”.

En 1983, David Wade Chambers publicó sus resultados de su estudio “Dibuja a un científico” en el cual niños de varias escuelas primarias fueron dados instrucciones de dibujar a un científico. Hasta recientemente, la imagen que muchos niños dibujan de un científico era la de un hombre blanco. Aunque esto esté cambiando y niños pequeños ahora están dibujando a ambos hombres y mujeres como científicos, la mayoría de los niños en primaria y secundaria siguen dibujando a una figura masculina para identificar a un científico. Desafortunadamente, la imagen estereotípica de un científico sigue apareciendo en la adultez, reflejando a una sociedad que ve a las aspiraciones científicas y las herramientas necesarias para lograrlas como algo masculino.

La Dra. Julie Des Jardins, una profesora de historia en la Universidad Baruch en la ciudad de Nueva York que se especializa en la historia de género en los Estados Unidos de América, habla sobre este estereotipo en su libro “El Complejo de Madame Curie: La Historia de Mujeres en Ciencia” (¡Por cierto, este libro es asombroso!). Ella define al “Complejo de Madame Curie” como la noción que para que las mujeres puedan salir adelante en las ciencias tienen que ser más inteligentes, trabajar más horas y sacar más resultados que sus compañeros que son hombres. Al mismo tiempo, tienen que caber dentro del estereotipo masculino de un científico y la definición de la sociedad de ser femenina.

Ella escribe: “La persistente suposición que las mujeres tienen que ser más dedicadas, menos creativas y más talentosas que los hombres es seña que la feminidad moderna sigue siendo definida por la domesticidad tradicional hasta cierto grado y que la ciencia moderna sigue siendo su antítesis. Aunque más mujeres están entrando a instituciones científicas, todavía no nos podemos satisfacer con solamente tener estadísticas. Tenemos que asegurarnos que las suposiciones hechas, las preguntas dadas y las metas buscadas en estas instituciones reflejen a una cultura más equitativa que la que ha caracterizado a la ciencia en el siglo XX. Hasta entonces, la imagen de un científico en la mente de los americanos seguirá siendo la de un hombre con la mujer científica como un oxímoron: una que sufre al ser distinguida e invisible al mismo tiempo.” (El Complejo de Madame Curie)

Esencialmente, las grandes científicas en la historia se han visto como “parte de los hombres” para poder lograr el éxito dentro de su carrera dominada por el género masculino. Es cierto que Marie Curie prácticamente era devota a su propio trabajo y no le importaba nada que pudiera interferir con ello. No se preocupaba por su apariencia, optimizaba su tiempo para que no pasara gran tiempo fuera de su laboratorio y dejó que la mayoría del cuidado de sus dos hijas estuviera a cargo de su suegro.

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Marie y Pierre Curie en el laboratorio demostrando el aparato experimental para poder detectar la radioactividad.

Este enfoque singular es lo que hizo famosa a Marie Curie, la primera mujer que ganó el premio Nobel y la primera persona en ganarlo en dos diferentes campos: la física y la química. (Todavía sigue siendo la única mujer que ha cumplido este último logro.) Sin embargo, su método para estudiar ciencia fue tomado como el modelo para todas las mujeres que querían tener carreras en las ciencias. Inclusive para entonces, la idea que una mujer pudiera manejar el razonamiento científico para descubrir algo nuevo era un concepto extraño para varios, una idea que sigue persistiendo en la actualidad, especialmente en campos intensivos en las matemáticas.

Gracias a su dependencia fuerte en las matemáticas, la física tradicionalmente se ha visto como uno de los campos científicos más masculinos, un club de hombres en el cual las mujeres no pueden participar. Desafortunadamente, este punto de vista anticuado todavía sigue siendo relevante considerando el número de premios que las mujeres de física han recibido. En los últimos 115 años desde que Marie Curie ganó su primer premio Nobel, solamente dos otras mujeres han recibido un premio Nobel en física: Maria Goeppert-Meyer en 1965 por su trabajo en el modelo de capas nucleares y la Dra. Donna Strickland en el 2018 por su trabajo en amplificación de pulsaciones. Esperemos que no tengamos que esperar otros 53 años antes que otra mujer científica gane el premio Nobel en física.

Al notar la importancia de reconocer a Marie Curie y otras mujeres exitosas por su trabajo duro y sus contribuciones a las ciencias y la sociedad, la Dra. Des Jardins teme que halagar a mujeres individualmente en vez de colectivamente puede ser dañino al futuro de las mujeres en las ciencias.

“[Curie]es vista como el ‘anti’ de las mujeres. Otras mujeres lo internalizaron. Otras sintieron que no podían ser equivalentes a la perfección que simbolizaba así que ni siquiera lo intentaban.”

“El problema es que este tipo de símbolos nunca funcionan en servicio a las mujeres colectivamente. Cuando encuentras a una mujer excepcional, siempre son percibidas como una excepción. Esto es lo que temo. Una de las cosas que siempre tratamos de ir en contra en términos de narrativa es la “Narrativa del Gran Hombre”. Es algo muy masculino. Cuando lo aplicas a mujeres, siempre crea este tipo de símbolos que degrada al resto de las mujeres. Curie fue levantada y se merece todo por lo que trabajó. Pero esto es el “Complejo de Curie”. Fue vista como el ‘anti’ de las mujeres. Otras mujeres lo internalizaron. Otras sintieron que no podían ser equivalentes a la perfección que simbolizaba así que ni siquiera lo intentaban. El mejor servicio para las mujeres en la actualidad es hacer que Curie se vea más humana.”

Marie Curie definitivamente se merece sus premios, sin embargo, su esposo Pierre tuvo que quejarse ante el comité del premio Nobel cuando ellos originalmente extendieron el premio a él y a Henri Becquerel, a pesar de que Marie había contribuido de igual manera en el trabajo de radioactividad. La gente siempre asumía que era la asistente de Pierre: alguien que seguía instrucciones en vez de generar resultados en la investigación.

Así como la Dra. Des Jardins describe, el público estaba más dispuesto a creer que las mujeres involucradas en la ciencia eran utilizadas para trabajos más “domésticos”. Por ejemplo, para organizar el laboratorio, mantenerlo limpio, hacer cálculos con números dados por los hombres y trabajos de secretaria. Estos fueron considerados como labores “femeninos” mientras que las ideas, el diseño y el análisis fueron considerados “masculinos”. Esto no era solamente porque eran cosas que la sociedad pensaba que cada género debía de hacer, sino que también pensaban que era algo que ambos géneros estaban biológicamente predispuestos a hacer.

La Dra. Des Jardins, desafortunadamente, es una de varias mujeres que no siguieron una carrera en las ciencias porque pensaban que no eran lo suficientemente buenas en las matemáticas como para hacerlo, a pesar del hecho que le iba muy bien en la materia. “Mi esposo es físico. Yo recuerdo ir a su laboratorio y encontrar a dos mujeres en su laboratorio. Hubo algunos chistes tratando de ellas. ¿Por qué seguirías una carrera en la ciencia a pesar de todas las señas que no perteneces aquí?”

También comentó en el hecho que, con el crecimiento de la población científica de mujeres, la ciencia se ha vuelto más abierta, colaborativa, y aun más accesible al público. “El descubrimiento solitario es un mito. A las mujeres se les ha dicho que somos buenas al socializar y al hacer cosas en colaboraciones. Vamos a decir que esto es verdad. De hecho, esta es la mejor manera de trabajar en ciencias. [La ciencia] es algo muy empírico y basado en datos, pero el instinto también es importante.”

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Women in STEM event hosted by NASA Goddard Space Flight Center.

Mujeres en un evento STEM en el NASA Goddard Space Center.

 En el mundo de hoy, darle un género a trabajos es algo muy evidente en la institución académica. Es cierto que la primera función de una universidad es la investigación y se espera que la facultad contratada se enfoque principalmente en sus investigaciones. Para balancear esto, la universidad contrata a profesores que tienen doctorados, pero cuyo enfoque se trata más de enseñar. Mientras que esto es mejor para los estudiantes, a estos profesores regularmente se les paga menos y no se les da posiciones permanentes en la facultad.

La investigación innovadora regularmente se ve como algo masculino, mientras que enseñar, al tener cualidades de crianza (y por lo tanto maternales) se ha visto como el camino obvio para las mujeres. La contribución de las mujeres en la sociedad regularmente es dada de menos que la de los hombres, lo cual causó la diferencia de pago durante todo este tiempo. Desafortunadamente, sigue el patrón que el campo “femenino” de ser maestra no es tan bien pagado como el campo “masculino” de hacer investigación.

“Podemos hacer la ciencia; pero si le agregas la discriminación… vamos a estar frustradas y desanimadas.”

Esto sirve como un ciclo vicioso; las mujeres son desanimadas a entrar a la ciencia, aquellas que entran no reciben los mismos pagos/premios/oportunidades y se van, lo cual fortalece este horrible pensamiento que las mujeres no pueden sobrevivir en un campo científico. Podemos hacer la ciencia; pero si le agregas la discriminación, menores beneficios y pagos y seguir siendo consideradas como las principales cuidadoras de nuestros hijos, vamos a estar frustradas y desanimadas.

Marie Curie es una mujer fenomenal no solamente por su trabajo como científica sino por su legado. Sin embargo, hay muchas mujeres que no son tan bien conocidas pero que son igual de capaces y que deberían de ser reconocidas por sus habilidades y contribuciones. Mujeres como Rosalind Franklin, Lise Meitner y Rita Levi-Montalcini (algunas de las cuales no les dieron crédito por su trabajo o recibieron muy poco) deberían de ser celebradas, así como humanizadas. Necesitamos desarrollar la mentalidad que la ciencia no es discriminatoria, debería de ser abierta a quien quiera, no solamente a las personas que idolatramos como superhéroes. Los científicos no deberían de ser definidos por su género, raza, religión u orientación sexual, pero por su trabajo duro, persistencia y paciencia.


 Kristina Lenn es una estudiante de Doctorado en química física y ciencias computacionales en el laboratorio Geva, donde está analizando las dinámicas cuánticas detrás del transporte de carga en los centros fotosintéticos de reacción. Recibió su B.S. en ingeniería química en la Universidad Estatal de Wayne y su M.S. en ingeniería química en la Universidad de Cornell. Pasó 3 años como profesora en la Universidad Estatal de Wayne antes de comenzar su Ph.D. en Michigan. Cuando no está ocupada investigando o escribiendo su siguiente artículo para MiSciWriters, trabaja en el Museo de Historia Natural como un miembro de Comunicación de Ciencia, participa como voluntaria en los eventos de divulgación de STEM, lee tantos libros como pueda, juega ajedrez y escribe para su propio blog, “Chic Geek and Chemistry Freak”.

Todos los artículos de Kristina se encuentran aquí.

 

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